Espejo Digital o ¿Por qué un psicoanalista necesitaría interesarse por la tecnología en la época contemporánea?
Agustina Adriana Iriondo
Espejo Digital o ¿Por qué un psicoanalista necesitaría interesarse por la tecnología en la época contemporánea?
La pregunta sobre la pertinencia del interés psicoanalítico en la tecnología y sus efectos sobre el sujeto contemporáneo resuena con una urgencia ineludible. El sujeto que llega hoy a análisis está irremediablemente moldeado por la omnipresencia tecnológica, y comprender las nuevas formas de lazo social, de angustia, de identificación y de goce que emergen en este contexto es crucial para la praxis psicoanalítica actual.
En primer lugar, la noción lacaniana del estadio del espejo (Lacan, 1949) adquiere una nueva dimensión en la era digital. El yo, esa instancia de identificación primordial, se construye ahora no solo frente al semejante corporal, sino también frente a la mirada de imágenes virtuales que proliferan en las pantallas. Las redes sociales, por ejemplo, se convierten en espejos virtuales donde el sujeto busca reconocimiento y validación a través de la mirada del otro mediada por algoritmos y filtros. La construcción de una imagen ideal del yo, se ve exacerbada por la constante exposición a vidas “perfectas” y editadas, generando nuevas formas de alienación y angustia ante la inevitable distancia entre el yo ideal y el ideal del yo, tomando como referencia el Seminario IX “La identificación” (Lacan, 1961-1962) donde Lacan nos dice que el yo ideal está del lado de lo imaginario, mientras el ideal del yo estaría del lado del significante, producto del Otro simbólico (Lacan, 1960).
¿Cuál es la función del Otro en la era tecnológica? El Otro, como lugar del significante y garante del orden simbólico, se ve fragilizado y fragmentado en relación a los otros virtuales: comunidades online, influencers, algoritmos que anticipan gustos y deseos. La autoridad del Otro se diluye, generando una sensación de desorientación y una búsqueda constante de nuevas formas de identificación. La castración simbólica, fundamental en la estructuración psíquica, se ve desafiada por la promesa ilusoria de una completud narcisista ofrecida por el consumo tecnológico y la hiperconexión.
Las tecnologías digitales presionan nuestra psiquis a una adaptabilidad permanente, el algoritmo, del cual la IA es el último producto, influye en las nuevas formas de presentación del síntoma, las angustias ligadas a la imagen virtual, las dificultades en la construcción de la identidad en un entorno líquido, los desafíos a la castración simbólica nos llevan a interrogarnos sobre si hoy asistimos a una modificación en la estructuración psíquica del sujeto.
La mirada indudablemente es un rasgo de esta época, hay ojos por todos lados, estamos frente a una mirada intrusiva, un Dios omnividente, creado por la ciencia y la tecnología, ojos que nunca duermen, el deseo de ver y ser vistos es la primacía. La máquina de ver, es la cultura misma, nos hemos vuelto vouyeristas y a su vez vivimos siendo observados. La ambición actual de la ciencia es ver todo.
Nuestro ojo es cada vez más un aparato, televisión, computadoras, celulares, nos pasamos la vida entre pantallas, nos pasamos la vida entre ¿espejos digitales? A su vez la mayoría de las pantallas traen webcams enlazadas así que también hay un ojo que mira, desaparece de este modo el corte entre ver y ser visto (entre el sujeto y el objeto).
El muro de las imágenes que nos rodea, se libera del ojo humano. Lo inquietante del mundo, nos dice Lacan, se presenta a través de “ventanillas”, figura que enmarca la angustia (Lacan, 1963/1963), luego continúa este concepto para introducir “la relación de la escena con el mundo”, en una dimensión propia para cada sujeto.
La ventana tiene una función estructural para la óptica humana, es la necesidad de un marco de visión, se trata de la necesidad de un borde, un borde ocular, ver es encuadrar, todo encuadre implica un recorte de lo visible entre el campo de la visión y lo que queda fuera del campo de la misma.
La hipermodernidad instala una ruptura, se instaura un nuevo régimen de mirada, el de una visión sin marco, una visión fuera de marco, una visión sin ventana.
Mientras que la ventana ordenaba la relación del sujeto con el mundo, la supresión de la ventana suprime esta división.
Desde la perspectiva lacaniana, la mirada no es solo un acto óptico, sino un objeto pulsional que implica al sujeto en su relación con el Otro, tenemos una dependencia de lo visible en relación de aquello que nos pone ante el ojo del vidente. A nivel escópico y de la pulsión invocante ya no estamos en el nivel de la demanda pulsional, sino del deseo del Otro, por lo cual la relación de la mirada con lo que uno quiere ver es una relación de señuelo, el sujeto se presenta distinto de lo que es y lo que le dan a ver no es lo que quiere ver (Lacan, 1964). Es un juego de trompe-l´oeil, un juego de engaños, en francés significa “engañar al ojo”. El sujeto, se presenta de manera engañosa, como si se disfrazara ante la mirada del Otro. Esta operación permite que el ojo —no como órgano, sino como función— se convierta en objeto a, ese resto que causa el deseo, precisamente porque está marcado por la falta. lo que se ve es una trampa, una ilusión que oculta lo que verdaderamente falta. El sujeto queda capturado en ese juego de apariencias, creyendo que ve, cuando en realidad está siendo visto por la estructura misma del deseo.
La pulsión escópica avalada por la ciencia nos ubica en un presente inmersos en un goce de miradas. Somos todos vistos, “somo seres mirados en el espectáculo del mundo” (Lacan, 1964).
¿Podríamos pensar que hoy el uso de los dispositivos tecnológicos intensifica la función de la pulsión escópica? Para el psicoanalista, ignorar estas transformaciones sería renunciar a comprender la singularidad del sufrimiento psíquico contemporáneo. No se trata de patologizar el uso de la tecnología per se, sino de analizar cómo ésta se inscribe en la estructura psíquica del sujeto, cómo modula sus lazos con el Otro y cómo influye en sus modalidades de goce y de angustia.
En conclusión, el psicoanalista no solo debería interesarse por la tecnología y sus efectos en el sujeto contemporáneo, sino que está intrínsecamente obligado a hacerlo. La tecnología es un elemento constitutivo del entorno simbólico en el que el sujeto se construye y sufre. Nos permite comprender las nuevas formas de presentación de la subjetividad, de lazo social y de malestar psíquico que emergen en este nuevo escenario. Solo a través de esta articulación teórica y clínica, el psicoanálisis podrá seguir siendo una herramienta relevante y eficaz para acompañar al sujeto contemporáneo en su singular travesía por el lenguaje y el deseo.
Para finalizar creo que son propiciatorias para estos tiempos contemporáneos y me gustaría compartirla con Uds. las palabras que Lacan enuncia en Radiofonía y Televisión, “el discurso analítico, promete, innovar”.
Referencias
Han, B.-C. (2014). La sociedad del cansancio. Herder Editorial.
Han, B.-C. (2018). La sociedad de la transparencia. Herder Editorial.
Icasuriaga, V. (2025). Nuevas modalidades de goce y sus consecuencias en la clínica y lo social en el siglo XXI: Pulsión escópica, tecnología y adolescencia en la hipermodernidad. Letra Viva.
Icasuriaga, V. (s.f.). Conect a-a’: Tecnología y pulsión escópica en la hipermodernidad.
Lacan, J. (1988). El seminario. Libro 7: La ética del psicoanálisis. Paidós.
Lacan, J. (2001). El estadio del espejo como formador de la función del yo [je] tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica. En Escritos 1. Siglo XXI Editores.
Lacan, J. (2006). El seminario. Libro 10: La angustia. Paidós.
Lacan, J. (2007). El seminario. Libro 20: Aun. Paidós.
Lacan, J. (1960). Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano. Escritos.